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Coronavirus vs Accidentes de Tránsito

Escuchar a muchos hablando de la Covid-19 como si fuesen los únicos que conocen la forma como se desarrolla, se masifica y crea todo el caos que está creando, es como escuchar cuando se habla de los accidentes de tránsito, aquella otra pandemia con la que convivimos desde siempre. Después de sucedido un accidente de tránsito, todos sabemos que hacer y cómo actuar, pero muy pocos, por no decir, NADIE, hacemos algo para que no vuelva a ocurrir. La pandemia de la Covid-19 se puede parar –según lo afirmado por los expertos- con el auxilio de la vacuna correspondiente o en el momento en que el 60% de la población que la padece obtenga los anticuerpos que por sí solos se encarguen de hacerle frente. En ambas coyunturas todos sabemos lo que se debe hacer, pero en el caso de los accidentes de tránsito nadie hacemos algo para detener su racha.

Sabemos que la Covid 19 comenzó empezó en el mes de NOVIEMBRE 2019 EN CHINA y hasta la fecha ha matado a cerca de 280,000 personas, lo que equivale a un promedio mensual de 40,000 fallecidos; pero los accidentes de tránsito matan al año, aproximadamente 1,300,000 personas según datos concedidos por la OMS.

Todos deseamos que la Covid19 desaparezca y para ello buscamos las vacunas, mejoramos nuestra higiene personal, mantenemos prudente distancia social y nos cuidamos pensando en nosotros mismos y también en los demás. Es bastante posible que logremos nuestros objetivo, pero cuando esto acabe volveremos a convivir con los accidentes de tránsito y bastante me temo que la cantidad de víctimas no bajará, porque el encierro que ahora vivimos nos obligará a salir despavoridos en cuanto tengamos la oportunidad de hacerlo, buscando siempre ser más rápidos que los demás para que nuestra recuperación sea la primera y volveremos a la competencia y al desorden de siempre, y la gente seguirá muriendo porque las Autoridades encargadas de prevenir los accidentes de tránsito solamente son autoridades de “después” y no de “antes” de su ocurrencia, con el agregado de que nadie, absolutamente nadie, se hará responsable de su espantosa continuidad.

Pero hay algo más. Así como en el Covid 19 somos uno de los países con más alto índice de víctimas fatales, en aquello de los accidentes de tránsito también ostentamos la misma imagen. Somos para el resto del mundo un país chicha donde el respeto por la vida ajena es nulo y las reglas de tránsito constituyen letra muerta en una comunidad donde el más “vivo” es aquel que se pasa una luz roja o no mantiene la distancia reglamentaria; Y si bien es cierto existe toda una gama de multas y sanciones dadas con la finalidad de parar los accidentes de tránsito, éstas no funcionan porque no existe una entidad que se encargue de ejecutar esas sanciones, lo que quiere decir que a nadie le importa que le pongan una multa porque sabe que nadie se la va a cobrar y lo peor es que conforme a la misma Ley, estás prescriben en su pago en poco tiempo.

Esta realidad obliga a cambiar drásticamente las fórmulas que se vienen aplicando. Por una parte, todas las infracciones deben ser penalizadas con la incautación y confinación vehicular. Debería establecerse un Ente Ejecutor que efectivice las multas impuestas y que aún no hayan prescrito, mediante la incautación vehicular o embargo y remate. Puede parecer una medida drástica, pero es necesaria y el derrotero nos lo ha dado el actual momento: mientras la policía y el ejército aseguraba el cumplimiento de las disposiciones gubernamentales para evitar la propagación del virus, el nivel de contagio no presentaba la curva que ahora tiene, pero fue suficiente que la policía y el ejército abandonen las calles para que el contagio se dispare. Somos cultura chicha y como tal, todavía necesitamos de métodos drásticos para cumplir lo que establece la ley.

 

Franklin Sánchez