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IMPORTANCIA DE LA LEY DE CONTRATO DE SEGURO

Hasta el 27 de noviembre de 2012 (fecha en que entró en vigencia la Ley Nº 29946 o Ley del Contrato de Seguro) la toma de seguros, o mejor dicho la contratación de pólizas de seguro estaba regulado por el Código de Comercio que data del año 1902. Con el tiempo este Código fue quedando desactualizado en muchos de sus aspectos por la desmembración de sus normas: primero a través del Código Civil que unificó la legislación civil y comercial y luego a través de leyes especializadas, tales como la Ley General de Sociedades, la Ley de Títulos Valores, la Ley del Mercado de Valores, entre otras, que prácticamente lo vaciaron de contenido.

Con la dación de la Ley del Contrato de Seguro las condiciones del aseguramiento se hicieron más claras porque una de las finalidades de esta ley fue la de proteger a los contratantes o asegurados; y si anteriormente las pólizas se tomaban con condiciones determinadas unilateralmente por parte de las compañías aseguradoras, la mencionada ley obligó a que a partir de su entrada en vigencia se emitan mediando las formalidades legales como las de cualquier otro contrato donde se privilegie el acuerdo entre ambas partes, de tal modo que los contratos empezaron a celebrarse por Adhesión, significando esto que la compañía redacta el contrato, lo pone en conocimiento del asegurado y le concede un plazo para que haga las observaciones que crea necesarias y recién ahí proceder a firmarlo si así lo cree conveniente. De esta forma el contratante o asegurado está enterado de cuáles son sus cargas y obligaciones y en igual sentido cuales son específicamente las que corren por cuenta de las Aseguradoras. De este modo la Ley del Contrato de Seguro vino a transformar de alguna forma el sistema de aseguramiento en nuestro país debido a que antes de su dación no hubo ninguna otra ley específica que lo norme de manera exclusiva. A partir de ahí, se conoció por ejemplo el llamado Principio de Mutualidad, que no es otra cosa que la confianza que tiene el asegurado en el sentido que “el aporte de muchos sirve para pagar el siniestro de pocos”. De este modo se entiende que todo siniestro es pagable siempre y cuando no se den las causales de rechazo contenidas en las Condiciones Generales, Particulares y Especiales del contrato y como consecuencia de ello se convierta en inaplicable el Reglamento para la Gestión y Pago de Siniestros contenido en la Resolución emitido por la Superintendencia de Banca y Seguros N° 3202-2013.

Finalmente, la importancia gravitante de la Ley del Contrato de Seguro es que en base al Principio de Máxima Buena Fe las compañías aseguradoras están obligadas a proceder con transparencia en la redacción de las cláusulas contractuales, a no utilizar cláusulas abusivas y a cumplir con sus obligaciones en el momento en que se dé por verificado el siniestro, y, por su parte, el asegurado queda obligado a honrar el pago de la prima, informar las circunstancias del riesgo, de su agravación si lo hubiese y de dar aviso del siniestro en la forma convenida.