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SINIESTROS

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Un accidente “es un suceso no planificado ni deseado”, pero en los términos utilizados en seguros, un accidente es denominado SINIESTRO, o sea, “algo que está hecho con perversidad o mala intención”.

Evidentemente existe una clara contradicción entre ambos términos, habida cuenta de que un accidente -por ser un hecho fortuito- no puede ser calificado a la vez como algo hecho con mala intención y menos con aquella dosis de perversidad de la que habla el diccionario común.

Y es que los términos utilizados en seguros son complejos como complejo es el tema de los aseguramientos, y allí precisamente es donde la presencia de un bróker, asesor, o corredor de seguros –o como usted prefiera llamarlo- se convierte o debe convertirse en un elemento bastante importante en el desenvolvimiento empresarial y social.

Toda empresa, además de un Contador que mantenga ordenada su economía o un Abogado presto a defender sus intereses en el campo legal, debe contar –obligatoriamente- con un Asesor de Seguros. Si una póliza de seguros está destinada a brindar seguridad a un asegurado, esa seguridad no va a servir de mucho si no hay quien entienda y traduzca las condiciones pactadas: si un Contador brinda tranquilidad económica y un Abogado hace lo mismo en los fueros judiciales, un Corredor de Seguros es la mejor garantía de que los pactos contenidos en un Contrato de Seguro sean los mejores para un asegurado.

Pero eso no basta. Porque así como hay buenos Contadores y buenos Abogados, los hay también de los otros y el mundo del aseguramiento no está a salvo de eso.

Hace pocos días el Poder Judicial ha emitido sentencia contra un Corredor de Seguros, en un proceso civil sobre Indemnización por mal asesoramiento, y dentro de los fundamentos de la demanda se afirma que el Corredor condenado se ha imitado a verificar el costo de la póliza más no las condiciones desfavorables para su cliente, conducta bastante común en algunos “Corredores” actuales cuyo único interés parece sustentarse en la “colocación” de pólizas de seguro pero dejando de lado la obligación mayor que es un auténtico asesoramiento en todo sentido de la palabra.

Un buen Corredor de Seguros no busca solamente vender sino que hace las cosas al contrario: analiza primero la necesidad de su cliente, luego busca las condiciones de aseguramiento que sean más favorables y termina con la promesa de un asesoramiento a tiempo completo.

Cualquiera es capaz de colocar una póliza, pero muy pocos somos capaces de garantizar aquella tranquilidad que debe acompañar a la emisión de una póliza, especialmente, ante la ocurrencia de un “siniestro”.